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Se acerca el verano y, con él, la operación biquini

Se acerca el verano y, con él, la operación biquini

Ya es costumbre que, en los albores del estío, las personas en general quieran lucir un cuerpo perfecto en las playas o piscinas y, a toda prisa, eliminar esos kilos de más conseguidos durante meses que se alejan de los cánones de belleza de sílfide establecidos por nuestra sociedad.

Las famosas dietas milagro, que consiguen la pérdida de unos kilos de forma rápida pero que la mayoría de personas no saben los peligros que entrañan para su salud, son dietas restrictivas, pobres o abusivas en determinados nutrientes, que someten al organismo a un trabajo metabólico anómalo que puede pasar factura a corto y medio plazo.

Una dieta de adelgazamiento es una cosa muy seria: no sirve la misma para todo el mundo, ya que cada persona tiene su metabolismo, actividad física y características fisiológicas propias. Los milagros no existen y es la constancia y el equilibrio nutricional  -a medida de cada persona- el que produce una reeducación metabólica progresiva a lo largo del tiempo, evitando así la pérdida brusca de peso, la flacidez de la piel y el efecto rebote pasados unos meses.

El cuerpo humano está diseñado para obtener energía principalmente de los glúcidos (hidratos de carbono), seguidamente de los lípidos (grasas) y cómo último recurso urgente de las proteínas. Las dietas hiperprotéicas, tan de moda, entrañan serios peligros para la salud: metabolizar proteínas para obtener energía supone un doble gasto, por eso provocan pérdida de peso, pero los elementos resultantes de este proceso metabólico acabarán afectando al riñón, pues son eliminados por vía renal. Además, la supresión de otros nutrientes pueden provocar deficiencias de minerales y vitaminas que se reflejarán en un aspecto físico empobrecido (uñas, pelo, piel, etc).

Una terapia de adelgazamiento tiene que ser personalizada y guiada por un especialista en la materia, de larga duración y sin prisas, con el objetivo final de perder esos kilos de más de forma duradera, por imagen y por salud. Es necesario dar tiempo a la piel para que recupere su elasticidad y firmeza a la vez que se potencia la musculatura trabajándola con ejercicio regular.

También es muy importante cambiar determinados hábitos nutricionales por otros más saludables, por ejemplo, reducir al máximo el consumo de fritos y productos elaborados de comida rápida, repostería industrial, azúcares superfluos; consumir dos veces al día verduras y hortalizas así como fruta variada; utilizar sistemas de cocción más saludable (hervido, vapor, plancha, papillot, etc).

En resumen, las dietas milagro no son aconsejables para la salud y obsesionarse con tener un cuerpo 10 puede ser muy peligroso y esclavizarte a una triste alimentación.  Debemos recordar también que las imperfecciones, que todos poseemos, forman parte de nuestra seña de identidad y nos hace únicos e irrepetibles.

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